Hace unos días, David, una persona que compartió espacios de aprendizaje en mis cursos y talleres de coaching, me preguntó cómo había logrado obtener éxito en la vida. Fue la primera vez que enfrenté un espacio reflexivo en el que me pregunté a mí mismo si me consideraba una persona exitosa.
Desde mi histórico, no me considero una persona exitosa. Me enfrenté a una realidad compleja: mi auto percepción y la percepción que otros tienen de mí. Sólo pude responderle que desde todo lo que me falta por alcanzar y mirando mis áreas de mejora y los errores cometidos en la vida, no me consideraba exitosa. Sin embargo, me atreví a desarrollar una lista de las cosas que había hecho en la vida y las creencias que me habían movido para llegar a donde hoy estoy.
Hacerlo fue toda una experiencia y terminé agradeciéndole a David por llevarme a la reflexión. La lista es la siguiente y puede ser que sea más larga: ambición; perseverancia; tomando decisiones; arriesgándome; dando siempre lo mejor de mí hasta en las peores circunstancias; el fracaso no existe; buscando aprender; buscando mi sentido de propósito; buscando entenderme; juntándome con personas que podían aportarme, cuestionarme y criticarme; pensando mis pensamientos; aplicando la auto observación; siempre tuve y busqué mentores; soy inquieto: no me conformo; querer ser empresario independiente; deporte; dieta; oración, meditación y reflexión.
Por otro lado, en una reflexión con Clara, mi futura nuera, descubrí que hay tres componentes fundamentales conducentes al éxito: pasión, desempeño y talento.
Pasión por lo que uno hace sin necesidad de vincular la pasión a una vocación o profesión necesariamente. Puede ser perfectamente pasión por un "slogan de vida". Por ejemplo: el servir a otros, la excelencia en todo lo que se hace, la innovación. El slogan suena algo así como: "nací para servir a otros"; "vine a este mundo a innovar"; "a buscar la excelencia en todo lo que hago", etc.
El desempeño está vinculado a todas aquellas competencias básicas, desarrollables y adquiribles en aprendizajes de primer nivel: cursos de capacitación, talleres, etc. Algunas de estas competencias básicas son: planificación, organización, habilidades técnicas y algunas sociales, negociación, control, etc.
El talento está vinculado a competencias más intrínsecas, algunas difícilmente desarrollables en cursos, al menos no al nivel que permita a la persona a alcanzar resultados extraordinarios. Ejemplos de ello son: trabajo en equipo, criterio, liderazgo, integridad, proactividad, ambición, capacidad de aprendizaje permanente, excelencia, vocación de servicio, capacidad de tomar decisiones de riesgo, auto observación, innovación y ejecución.
Todos tenemos un enorme talento como seres humanos. No logramos descubrirlo desde las creencias limitantes que nos autoimponemos, muchas veces sin ser conscientes de ellas. De allí la responsabilidad de los coaches; de desarrollar nuestro propio talento para ayudar a otros a descubrirlo en lugar de servir justamente de límites a las capacidades inimaginables de seres humanos que recurren a nuestra guía.
Qué enorme responsabilidad de quienes desde la profesión del coaching o de la aplicación de técnicas de coaching en su rol gerencial tienen bajo sus manos el desarrollo de otros, de su talento, de su éxito en la vida.
Y usted, ¿alguna vez ha meditado sobre su éxito en la vida?, ¿se atrevería a hacer un ejercicio de autoevaluación?