Para cambiar tenemos que empezar por querer hacerlo. Debe nacer de la voluntad, de darnos cuenta de qué es lo que nos conviene. Si no tomamos conciencia de lo valioso que será dejar de hacer ciertas cosas o de incorporar nuevos hábitos, será muy difícil seguir avanzando.
El problema es que las personas no rebosamos de conciencia. No vamos por la calle en máximo estado de alerta, dándonos cuenta de todo lo que nos pasa. Más bien, enarbolamos nuestras banderas de zonas de confort y tratamos de seguir haciendo lo de siempre porque ya le encontramos un gustito a seguir así.
Además, suele ocurrir que nos preguntemos: ¿qué pasa si nos va mal en una nueva encomienda? Y respondamos: "Mejor que siga la fiesta".
La poca conciencia que uno tiene se alimenta de lo fácil que es distraerse, de las desconexiones, de los constantes viajes a un pasado envolvente que nos hacen añorar lo vivido o renegar de nuestra mala suerte, y de los viajes al futuro, donde nos quedamos soñando con años venideros más prometedores.
El letargo humano es muy grande, ya sea por temor, costumbre, desconexión o cualquier tipo de ego que nos tiende a atrapar. Esto nos deja inmóviles e impide que encontremos nuevos caminos y respuestas.
Recién cuando aparece el coaching en el mundo, especialmente en el ámbito organizacional, se empezaron a levantar las anclas muy pesadas que, por años, estuvieron amodorrándonos e impidiéndonos avanzar.
Hoy en día, el mundo organizacional lo tiene muy claro: el coaching es la mejor manera de sacar lo mejor de la gente, empezando por ayudar al trabajador a que se dé cuenta y se responsabilice de los temas que debe mejorar. Posteriormente, se logra que las personas diseñen mejores maneras de avanzar hacia el éxito.
El coach es el facilitador que acompaña al individuo en este vital proceso y que permanece ayudándolo hasta el final del camino, realizando un seguimiento responsable que asegure el cambio de la persona.
¿Tiene usted alguna experiencia en coaching que pueda compartir con los demás lectores de Conexión ESAN?
Para estos tiempos de confinamiento por la pandemia del COVID-19, abordaremos 5 tips para afrontar mejor los desafíos y ser más productivos desde casa.
Detrás de la inmensa alegría de ver a Jefferson Farfán recibir la pelota de Christian Cueva y fusilar al portero neozelandés Stefan Marinovic, y de la rápida reacción de Christian Ramos que decretó el 2-0 definitivo, se esconde una historia con altos y bajos que nos demuestra que siempre es posible el cambio. Nada nos impide ser felices, lo que pasó con la selección peruana y continúa pasando, es un ejemplo maravilloso de lo que se puede lograr en otros campos de nuestra vida.