El MBA en la era de la IA: ¿qué habilidades directivas son más importantes que nunca?

El MBA en la era de la IA: ¿qué habilidades directivas son más importantes que nunca?

La inteligencia artificial está cambiando el valor del conocimiento en la formación ejecutiva y obligando a repensar qué debe ofrecer hoy un MBA. Otmar Varela, profesor internacional del MBA de ESAN y docente en The University of Arkansas at Little Rock, analiza por qué habilidades como el liderazgo, el pensamiento crítico, la gestión de personas y la toma de decisiones adquieren mayor relevancia en un entorno donde la información está cada vez más al alcance de las herramientas de IA.

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Aprovechando la presencia del profesor Otmar Varela, Ph.D., de la University of Arkansas Little Rock (Estados Unidos), durante la Semana Internacional de ESAN Graduate School of Business, MBA Magazine conversó con él sobre el futuro de la educación ejecutiva en la era de la inteligencia artificial. Para Varela, el verdadero valor de un MBA ya no está únicamente en transmitir conocimientos, sino en desarrollar capacidades como el liderazgo, el pensamiento crítico y la toma de decisiones, competencias que hoy constituyen el principal diferencial de los líderes empresariales.

La irrupción de la inteligencia artificial está transformando la forma en que las personas aprenden, trabajan y toman decisiones. En este nuevo escenario, donde el conocimiento está disponible con apenas una consulta a una plataforma de IA, surge una pregunta inevitable: ¿cuál es el verdadero valor de un MBA?

Para el profesor Otmar Varela, especialista en Management de la University of Arkansas Little Rock, la respuesta es clara. Los programas MBA siguen siendo fundamentales, pero necesitan evolucionar para concentrarse menos en la transmisión de información y mucho más en el desarrollo de las capacidades directivas que distinguen a un verdadero líder.

Del conocimiento a las habilidades humanas

Durante décadas, los MBA se caracterizaron por ofrecer una sólida formación en finanzas, estrategia, marketing, operaciones y otras disciplinas empresariales. Sin embargo, Varela considera que el acceso al conocimiento ha cambiado radicalmente. “Si quiero aprender algo, simplemente voy a la inteligencia artificial, hago una pregunta y el conocimiento está ahí, al alcance de la mano”, afirma.

Esto no significa que los programas deban abandonar los contenidos académicos. Por el contrario, deben ayudar a los estudiantes a identificar qué conocimiento realmente importa, cómo estructurarlo y, sobre todo, cómo convertirlo en acciones que generen resultados.

En su opinión, el verdadero diferencial de un MBA ya no está únicamente en el qué, sino en el cómo. “El cómo es más importante que el qué”, resume. Ese “cómo” incluye habilidades que la tecnología difícilmente puede sustituir: inspirar equipos, influir en otras personas, gestionar conflictos, desarrollar pensamiento estratégico, analizar problemas complejos y tomar decisiones bajo incertidumbre. Precisamente allí, sostiene, reside hoy la principal ventaja competitiva de un programa MBA.

La gerencia también es una ciencia

Otro aspecto que Varela considera esencial es entender que la dirección de personas no debe verse como un talento innato o una simple cuestión de intuición. Para ilustrarlo, recurre a una comparación muy sencilla: “Nadie subiría a un avión si el piloto no hubiera estudiado para volar. Tampoco acudiríamos a un médico que no hubiera recibido formación profesional”.

Sin embargo, en muchas organizaciones se promueve a personas a posiciones de liderazgo simplemente porque fueron buenos especialistas técnicos, sin verificar si poseen los conocimientos necesarios para dirigir equipos. Para Varela, la gerencia posee fundamentos científicos que pueden y deben enseñarse.

Un MBA, explica, debe proporcionar un marco conceptual sólido que permita comprender cómo funcionan las organizaciones, cómo maximizar el aporte de los colaboradores y cómo tomar decisiones de manera estructurada.

Más que memorizar teorías, los estudiantes deberían construir un verdadero mapa mental sobre lo que significa gestionar personas y organizaciones. Ese conocimiento constituye la base sobre la cual cada profesional podrá seguir aprendiendo durante toda su carrera.

La experiencia marca la diferencia

Uno de los debates más antiguos en la educación ejecutiva es si un MBA debe estar dirigido a recién graduados o a profesionales con experiencia laboral.

Sobre este punto, Varela coincide parcialmente con las ideas del reconocido académico Henry Mintzberg, autor de Managers Not MBAs, quien sostiene que la experiencia es un requisito fundamental para aprovechar este tipo de formación.

El profesor explica que un estudiante sin recorrido profesional suele concentrarse en memorizar contenidos para aprobar las asignaturas, mientras que quien ya ha enfrentado problemas reales interpreta cada concepto desde una perspectiva completamente distinta.

La experiencia permite conectar la teoría con situaciones concretas, cuestionar los modelos presentados en clase y comprender por qué determinadas herramientas funcionan —o dejan de funcionar— en la práctica.

Cuando un participante regresa al trabajo después de una sesión de clases y puede aplicar inmediatamente lo aprendido, el proceso de aprendizaje adquiere un valor mucho más profundo. Por ello, considera que la madurez profesional enriquece tanto la experiencia individual como el aprendizaje colectivo dentro del aula, ya que los propios estudiantes aportan casos reales y perspectivas diversas que enriquecen las discusiones.

Elegir un MBA pensando en el retorno de la inversión

Al momento de seleccionar una escuela de negocios, Varela recomienda adoptar el mismo criterio con el que una persona analiza cualquier inversión financiera: evaluar cuidadosamente el retorno esperado. Para él, la inversión no se limita al valor de la matrícula. También incluye el tiempo dedicado al programa y el costo de oportunidad de dejar de trabajar o reducir el ritmo profesional durante ese periodo. Sin embargo, medir el retorno resulta mucho más complejo.

El salario que obtienen los egresados constituye un indicador importante y muchas escuelas de negocios publican estas cifras precisamente para ayudar a los candidatos a estimar cuánto tiempo necesitarán para recuperar la inversión realizada. Pero el retorno de un MBA va mucho más allá de los ingresos económicos.

La reputación de la institución, el prestigio de su marca y, especialmente, la calidad de la red de contactos construida durante el programa genera beneficios que pueden manifestarse muchos años después de la graduación. “Cuando estudias un MBA también estás comprando una marca”, explica.

Esa marca puede abrir puertas profesionales, facilitar cambios de carrera y ofrecer acceso a oportunidades que, de otra manera, serían difíciles de alcanzar. Por ello, aconseja analizar el MBA como una inversión integral, considerando tanto los beneficios inmediatos como aquellos que aparecerán en el largo plazo.

El desafío de los MBA del futuro

La inteligencia artificial continuará modificando la manera en que las personas acceden al conocimiento, pero difícilmente reemplazará las capacidades humanas que distinguen a los grandes líderes. Para Otmar Varela, ese es precisamente el desafío que enfrentan hoy las escuelas de negocios.

Más que transmitir información, los MBA deben convertirse en espacios donde los profesionales aprendan a pensar críticamente, liderar con criterio, influir positivamente en otros y transformar el conocimiento en decisiones efectivas. En un mundo donde la tecnología responde cada vez más rápido, serán precisamente las habilidades humanas las que marcarán la diferencia entre un profesional competente y un verdadero líder empresarial.